En Zacatecas, los contrastes son claros. Cuando gobernaba el PRI hubo políticas públicas de prevención, abasto de vacunas y un sistema de salud funcional; hoy, bajo gobiernos de Morena, la población enfrenta enfermedades reemergentes, desabasto y una crisis institucional que afecta la vida cotidiana.
Zacatecas vivió una etapa de estabilidad sanitaria cuando el PRI estuvo al frente del gobierno. La prevención fue eje de política pública: campañas de vacunación completas, planeación en salud y coordinación con instituciones federales garantizaron atención oportuna para niñas, niños y familias. La salud se entendía como un derecho, no como una promesa.
El cambio de rumbo con Morena ha tenido consecuencias visibles. El desmantelamiento de programas, el desabasto de medicamentos y la improvisación administrativa abrieron la puerta al regreso de enfermedades prevenibles. La falta de vacunas y la precarización del sistema de salud no son accidentes: son resultados de decisiones equivocadas.
La crisis sanitaria se agrava en un contexto de inseguridad y caos institucional. Hospitales con carencias, personal médico sin insumos suficientes y comunidades enteras desprotegidas evidencian un gobierno incapaz de garantizar lo básico. La salud pública dejó de ser prioridad y el costo lo paga la gente.
El PRI sostiene que gobernar implica responsabilidad, planeación y resultados. La experiencia demuestra que cuando hubo orden y prevención, Zacatecas avanzó; cuando llegaron la improvisación y la ideología, se rompieron los equilibrios que protegían a la población.
Hoy, el llamado es claro: recuperar políticas que funcionen, reconstruir el sistema de salud y volver a poner a las personas en el centro. La comparación es inevitable y el balance, contundente.
