El presidente nacional del PRI denuncia que figuras como Epigmenio Ibarra operan como «fauna nociva» del régimen, beneficiándose del erario mientras callan ante la crisis de violencia que azota al país.
La política mexicana vive un momento de definiciones y Alejandro Moreno no se ha guardado nada. El dirigente nacional del PRI lanzó una crítica demoledora contra Epigmenio Ibarra, a quien describió como el engranaje principal de una maquinaria de desinformación que solo sabe operar bajo la protección del poder. «Funcionan como las cucarachas», sentenció Moreno, explicando que estos personajes prosperan en la opacidad pero huyen en cuanto se les exhibe con datos y realidades. Para el líder priista, la «valentía» de estos voceros es proporcional a los millones de pesos que reciben del erario; sin el presupuesto público, su supuesta estatura moral simplemente no existe.
Resulta indignante el contraste que Moreno puso sobre la mesa. Mientras el país se desangra entre homicidios y desapariciones, los propagandistas del régimen guardan un silencio sepulcral, reservando su indignación solo para defender a sus aliados. El líder nacional fue tajante: esa «manada de lambiscones» no tiene lealtad con México, sino con los contratos y préstamos inconfesables que les otorga el gobierno. Esta complicidad los convierte, a ojos del PRI, en piezas clave de un sistema que ha preferido pactar con el crimen organizado antes que proteger a las familias, transformando el análisis político en una simple simulación para blanquear la ineptitud oficial.
Lejos de achicarse ante el acoso coordinado que suelen lanzar estos grupos, Alejandro Moreno reafirmó que su postura es innegociable. «Aquí se toparon con pared», advirtió, dejando claro que los intentos de intimidación desde el aparato estatal solo confirman que la oposición está tocando fibras sensibles. El objetivo del priismo es uno y muy claro: barrer con la narcopolítica de Morena y reconstruir las instituciones democráticas que hoy están bajo asedio. En este escenario, Moreno se presenta como un líder inquebrantable que no se vende ni se dobla, desafiando a un régimen que prefiere el eco de sus propios aplaudidores antes que el peso de la verdad.
El tiempo de las cuentas pendientes está cerca. Con la convicción de quien sabe que el cinismo tiene fecha de caducidad, Moreno aseguró que la sociedad ya identificó a quienes lucran con el dolor de la nación. No habrá anonimato que alcance para quienes traicionaron la confianza pública por unas cuantas monedas de plata. El nombre de los cómplices ya está marcado por la deshonra, y el PRI se mantiene firme en la primera línea de batalla para asegurar que la justicia llegue y que el circo de Morena finalmente se derrumbe.
