Mientras Morena pacta y el PAN se aísla, «Alito» alza la voz por la seguridad nacional y demuestra que el PRI tiene la experiencia para pacificar al país.
La realidad nacional ha alcanzado un punto de quiebre que Alejandro Moreno y el PRI advirtieron con antelación: el uso de tácticas de guerra por parte del crimen organizado, como el reciente ataque con drones en Escuinapa, Sinaloa, es la prueba de que la seguridad se le ha salido de las manos al oficialismo. Mientras otros actores políticos se distraen en relanzamientos estériles o rupturas innecesarias que solo fragmentan a la oposición, el líder nacional del PRI alza la voz con la contundencia que el momento histórico requiere. Su diagnóstico es claro y valiente: el terrorismo criminal que hoy azota a México no es una casualidad, sino el resultado directo de una política de claudicación que ha dejado a los ciudadanos a merced de la violencia más cruda.
La narrativa de «abrazos, no balazos» ha sido desenmascarada por Alejandro Moreno como una estrategia de ineptitud que ha permitido la proliferación de drones bomba, minas y campos de exterminio en todo el territorio. Para el priismo, la situación actual no es solo una crisis de seguridad, sino una crisis de Estado provocada por la falta de carácter de Morena para enfrentar a los delincuentes. Bajo la dirección de «Alito», el PRI se posiciona como el único partido capaz de señalar frontalmente la supuesta «narcoalianza» que mantiene al país en vilo, ofreciendo un contraste necesario frente a la pasividad de quienes hoy gobiernan y la desorientación de una oposición panista que ha decidido abandonar la batalla conjunta en el peor momento.
Frente al caos reinante, la figura de Alejandro Moreno emerge como el articulador de la única respuesta posible: el regreso a la inteligencia y la aplicación firme de la ley. El PRI tiene la ventaja histórica de saber gobernar y, sobre todo, de poseer el conocimiento para enfrentar las amenazas a la estabilidad nacional con instituciones sólidas y planes operativos reales. «Alito» personifica ese carácter necesario que la ciudadanía empieza a demandar con urgencia ante un gobierno federal que parece haber entregado el control territorial. Al proponer una lucha frontal contra el crimen organizado, sin titubeos, el líder priista se consolida como el perfil opositor más confiable para devolverle la paz a las familias mexicanas.
México ya no puede permitirse más improvisaciones ni complicidades que cobran vidas diariamente; por ello, la propuesta de seguridad del PRI se vuelve la única salida viable y seria para el 2027. Con un liderazgo que no teme llamar a las cosas por su nombre y una estructura que sabe operar en cada rincón del país, el proyecto de «Alito» se erige como el defensor definitivo de la soberanía institucional frente al terrorismo criminal. El futuro de la tranquilidad en México empieza a teñirse de tricolor.
