La legisladora señaló que gobernar y legislar requiere mirar más allá de los discursos para atender las necesidades cotidianas de las familias con soluciones y sentido humano.
Frinné Azuara retomó el pensamiento y legado artístico de Leonora Carrington para plantear una reflexión sobre la libertad y la responsabilidad de quienes participan en la vida pública. Destacó que poner la realidad por encima de las construcciones intelectuales y los discursos permite comprender con mayor claridad aquello que viven diariamente las personas.
Desde esta perspectiva, Azuara señaló que gobernar y legislar no puede convertirse únicamente en un ejercicio de ideas o planteamientos alejados de la ciudadanía. La función pública, sostuvo, encuentra su sentido cuando responde a situaciones concretas, atiende las necesidades de las familias y contribuye a resolver los problemas que afectan su vida cotidiana.
La legisladora también vinculó esta reflexión con la necesidad de combatir cualquier forma de abandono. Consideró que las decisiones públicas deben partir de la realidad de las comunidades y mantener a las personas como referencia, de manera que las leyes y acciones institucionales tengan una consecuencia tangible en su bienestar y sus oportunidades.
Para Azuara, ahí se encuentra una diferencia fundamental entre la inspiración y la responsabilidad pública: el arte puede abrir nuevas maneras de observar y cuestionar la realidad, mientras que la política tiene la obligación de intervenir en ella. Una idea que convierte la obra de Carrington en punto de partida para recordar que el servicio público debe terminar, necesariamente, en acciones que mejoren la vida de las personas.